Variedades

 
¡Francisco va!
Autor(a): Roberto Fermín Bertossi
Docente universitario del cooperativismo.

Su unción pontifical sorprendió a todos. Una vez más comprobábamos que, como tantas veces,  los pensamientos de los hombres no son los de Dios.

Un humo blanco (y celeste argentino) anuncio al mundo el papado de Francisco y, otra vez, se cumpliría la Escritura: “… sólo sería resistido, calumniado, injuriado y perseguido en su pueblo” pero, frente a eso el Santo Padre de todos respondió donando todo lo que podía a los inundados de La Plata, suburbios y aledaños.

¿Acaso este Francisco no era ese cura villero, ese obispo Bergoglio amigo fiel, presente e incondicional de los marginados/abandonados, ese cura de zapatos negros viejos y gastados con admirables entrañas de misericordia,  con el gesto oportuno ante cada sufriente, ese discreto pasajero del transporte público que unía villas y asentamientos para encarnar tantos consejos y sugerencias evangélicas como:  “escuchen y alivien a los afligidos”,  “denle de comer ustedes mismos” y más?

¿Acaso no pasó entre nosotros haciendo el bien con un pensar, un decir y un hacer sin fisuras; diciendo y escribiendo verdades sencillas y claramente sin hacer acepciones de interlocutores?

¿Acaso no vivió y vive muy próximo a los pecadores (lejos de corruptos), a los enfermos, a los inmigrantes, a los hambrientos, a los presos, a los adictos, a los divorciados, a los desocupados, a los indigentes, a los aborígenes, a los excombatientes; resumiendo, a los habitantes de toda intemperie afectiva,  moral, mental,  espiritual, material e institucional?

¿Acaso no sacudió a una iglesia cerrada en sí misma como aletargada, insuflando renovada esperanza e inédito entusiasmo entre jóvenes, adultos y viejos –creyentes o no-, concitando la alegría global al revelarnos sabia, humilde y aliviadoramente otra iglesia católica, más humana, más hospitalaria, cercana y misericordiosa?

Si, esa Iglesia que casi todos sospechábamos, intuíamos, anhelábamos y reencontramos cual hallazgo que nos eleva el alma, que nos ablanda y dispone el corazón; esa que como nadie ni nada nos hace sentir más profundamente cercanos y serenos respecto de toda expectativa espiritual personal,  posible y comunitaria.

Los logros de la Iglesia que Francisco se puso al hombro solo serán  comunitarios;  no serán individualistas, fáciles, ni cómodos; no habrá atajos y costarán tanto como todo  ´celeste´.

Se replicarán innovativamente trampas y emboscadas que antes les tendieron a quienes le precedieron pero, cada una de ellas, será dirimida con una elocuencia tal que dejará a todos sin palabras; sin nada que añadir, sin nada que quitar.

Nuevos Judas de hoy tendrán que elegir entre la suerte final y definitiva del indigente Lázaro, la de cada buen samaritano  o la del corrupto Epulón.

¿Qué sucederá cuando Francisco vaya más allá esperando de todos y cada uno de nosotros signos y gestos similares a los de aquella pobre viuda que no titubeó en poner en común todo lo que tenía para vivir?

Nuestra conciencia personal tendrá la última palabra y nosotros, cada uno y cada cual la libertad individual y corresponsable -generosa o no- al responder en cada caso, en cada ocasión, en cada interpelación vital ante cada encrucijada propia de la vida y de la convivencia personal comunitaria.

Quizás la luna de miel de algunos de nosotros con el nuevo/máximo inquilino del Vaticano esté perdiendo intensidad pero,  seguramente,  nuestro Francisco (Bergoglio) quiera hacer mucho más de lo profundo y cualitativamente espiritual  que una multitud global espera de él y, por cierto, habrá cosas que podrá y, tal vez, otra que no  o, todavía no,  pero, nada de su misión, celo, ardor, aplicación y ejemplos apostólicos quedarán librados al azar.

Finalmente, no se dude,  como ayer en la isla de Lampedusa y en pocos días más  Brasil a pocos días de los primeros cien días de su pontificado, porque Francisco con su iglesia pobre para los pobres  ¡va y va,  urbi et orbi!



Fonte: Cedido pelo autor
10/7/2013

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